lunes, 27 de diciembre de 2010

Malemilio, una bacteria chupaimaginación.

Emilio era una bacteria normal. Vivía con su familia en un lugar único, mágico, feliz: era el lápiz de un diseñador.

Pasaba en él grandes momentos. Veía cómo el amo de su hogar hacía líneas en el papel. Pasaba días y noches enteros rayando y dibujando. Emilio, que vivía encantado con lo que el gran diseñador hacía, ponía cuidadosa atención. Observaba que él plasmaba cosas visibles del mundo, de la habitación, e identificaba cada una de ellas. Pero otras eran demasiado extrañas y desconocidas. Emilio no las había visto nunca.

Un día, el diseñador tenía compañía.
-  Hermano, el dibujo está genial. Juro que si existiera moriría de un susto. Menos mal eso es producto de su imaginación.
- ¿Imaginación?  - pensó Emilio - . ¿Qué era eso? ¿cómo se conseguía?. Qué cosa más extraña.
No sabía nada sobre esa cosa que tenía el dueño del lápiz. Pero sabía que la quería.
- Imaginación, imaginación, imaginación… ¡imaginación! No se imaginaba qué era. No sabía, no la tenía.

Un día, vio como su hogar se movía hacia tierras desconocidas, fuera de la única habitación en la que había estado siempre. No sabía qué pasaba… no se lo imaginaba, pobrecito.
Cansado de la mugre en su lápiz, el diseñador decidió hacerle una limpieza. Abrió la llave, tomó un poco de jabón, lo puso bajo el chorro. Remolinos, torrentes, corrientes. Gritos. Pánico bacterial.
El momento confuso pasó. Emilio despertó en algún lugar tubular, golpeado y aturdido. Estaba solo. Comenzó a llamar a los suyos. Silencio. Buscó durante mucho rato. A lo lejos, pudo ver unos cuantos cuerpos inanimados parecidos a él. Eran ellos, su familia. Su corazón se arrugó y de inmediato sintió que nunca podría ser el mismo de antes. Juró venganza.

- ¿Imaginación?, -  gritó - sea lo que sea, se la arrancaré a ese maldito diseñador.
Con estas palabras, se convirtió en Malemilio. Sus ojos enrojecieron; le salieron colmillos; su cara era sólo angustia. Su verde vivo oscureció, creció como ninguna otra bacteria podía hacerlo. Sus manos se convirtieron en potentes aspiradoras, capaces de absorber los rayos de imaginación que atraía con otra de sus nuevas características: un poderoso casco bacteriano que funciona con una tecnología hasta ahora desconocida (los científicos creen que es algo parecido al bluetooth). Su primera víctima fue el pobre diseñador. Desde la tubería, Malemilio fue capaz de atraer sus rayos de imaginación, absorberlos con sus aspiradoras y desecharlos ya destruidos. Con ellos se nutre para ser más grande y más poderoso, y para ingeniar nuevas estrategias de robo de imaginación.

Se cree que Malemilio sigue viviendo en las tuberías, pues no toca a sus víctimas. Se especula también que se ha reproducido, pues cada vez la gente es menos imaginativa y más aburrida.

3 comentarios:

  1. "No sabía qué pasaba… no se lo imaginaba, pobrecito."
    Ps obvio q no se lo imaginaba... si no tenia imaginacion jajaja :P jajaja
    Me gusta el final ;)

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  2. Jajajajaja! Reí como desquiciada... Qué hermosura... Amo el final. Amo cómo escribes.
    ¡Muaaaaaaaaaaa!

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